29 de septiembre de 2010

Actualizando el deterioro

Me pregunto ¿cuántas personas se preocupan por su ortografía? ¿Por su forma de hablar? ¿Por las modificaciones que le hemos hecho consciente o inconscientemente a nuestro lenguaje?. El otro día en mi clase de prácticas periodísticas el profesor nos dio a leer un artículo del reconocido periódico El universal titulado Nueva ortografía de Jacobo Zabludovsky, y llegó un punto en el que hasta me atreví a decirle (sin pensarlo dos veces) a mi profesor: ¿en serio tenemos que terminar de leer esto? Y no por el hecho de que me diera flojera leerlo, si no que me dio un asco impresionante (en serio ¡asco!), y una enorme falta de respeto hacia nuestro lenguaje (a pesar de que era una sátira a la actual forma de escribir de los jóvenes).
Será porque me he vuelto bastante quisquillosa en este aspecto por lo que me dio tanta repugnancia leer el texto completo, es más ¡ni le pude entender a todo lo que decía! Me dio tanta tristeza que conforme va pasando el tiempo, las personas deterioramos más y más el lenguaje, ya sea por comodidad o porque simplemente se escucha o lee bien. Es cierto que muchos así como les escriben en los mensajes instantáneos a sus amigos, escriben un ensayo del mismo modo, y yo soy una de las personas que les gustan acortar mensajes instantáneos, sin embargo en ensayos, tareas, trabajos, cosas que ya requieren de más formalidad intento de que lo poco o mucho que he aprendido en el ámbito gramatical sea lo que se refleje en todo lo que hago.

¿Qué otra cosa es lo que influye? No solo la comodidad afecta que hablemos, o escribamos mal, también influye de una manera increíble la cultura de leer. ¿Qué pasa cuando una persona lee? Pues logra tener los suficientes elementos o referencias para saber que rehilete se escribe con h, y no reguilete. Pasa que vamos aprendiendo con los libros, pues ellos nos enseñan la forma correcta de redacción y hasta del habla. A parte ¡es cultura! Y deberíamos ser unos lectores compulsivos para que podamos avanzar, gusanos devoradores de libros, uno tras otro tras otro, y de ese modo no creo que existiera ese tipo de comentarios como aquél artículo que publicó Jacobo Zabludovsky sobre la real academia y el castellano. Cruzo los dedos por que esa sátira que para mi es una pesadilla, no se vuelva una realidad vergonzosa.

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